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Origen y concepto del Corretaje de Propiedades

Publicado por Makluf Abogados en 26 enero, 2018
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           La correduría propiamente tal, tiene su origen en civilizaciones antiguas, como la egipcia, fenicia, griega y romana, donde expertos en comercio y mercaderías desempeñaban funciones de intermediación entre comerciantes de distintas nacionalidades y naciones, encontrando compradores para los bienes que les eran encargados en venta, informando sobre sus características esenciales, determinado su valor y concluyendo la operación. Eran consideraciones auxiliares del comercio.

Las cruzadas cristianas contribuyeron al comercio marítimo entre el oriente y las ciudades europeas, abriendo nuevas rutas y caminos para un intercambio de mercaderías.

Posteriormente, existe un auge de la cantidad y prestigio de los corredores en los reinos italianos de la Edad Media, principalmente de las ciudades costeras (Génova, Venecia, Amalfi, Pisa). Hay quienes destacan a Marco Polo (1254-1324) y su familia, famosos mercaderes venecianos, como uno de los primeros corredores de mercaderías entre Europa y el Oriente Lejano.

Con el transcurrir de los siglos, y, con el fortalecimiento de la propiedad privada, principalmente en lo que respecta a los bienes raíces, la correduría nacida exclusivamente para la intermediación de bienes muebles, da paso a la realidad de negociar y mediar para la venta y compra de fundos o propiedades, dando nacimiento de esta forma al corretaje de propiedades a mediados del Siglo XIX en el continente europeo.

Definición de Corredor de Propiedades

           El objetivo de la labor del corredor de propiedades, es la de intermediar entre la oferta y demanda de bienes inmuebles, entregando la información relevante, acercando posiciones, facilitando la conclusión de las operaciones inmobiliarias entre las partes, prestando una asesoría continúa durante este proceso.

           Para el Diccionario de la Lengua Española, correduría es el: “Oficio o ejercicio del corredor (II Comerciante acreditado para vender o comprar por cuenta de otros.)”; en tanto que define al corredor: “Mandatario que, como comerciante acreditado, actúa vendiendo o comprando por cuenta de uno o varios.”

Ahora bien, una primera aproximación al concepto de corredor de propiedades, haciendo presente que se trata de materias diversas, podemos encontrarla en el artículo 48 del Código de Comercio, en adelante CC°, que expresa: “Los corredores son oficiales públicos instituidos por la ley para dispensar su mediación asalariada a los comerciantes y facilitarles la conclusión de sus contratos”. Podemos sumar a ello, que el corretaje de propiedades es una actividad económica que nace de la necesidad de contar con un sistema eficaz y profesional de intermediación de bienes raíces.

Importante es destacar que la definición del CC° resultó ser más restrictiva que la realidad misma de la intermediación de inmuebles, por cuanto, los corredores de propiedades no tan solo median entre comerciantes, sino que, por el contrario, prestan su servicio a quienes mayoritariamente no lo son, entendiendo que, los actos de comercio ejecutados por comerciantes están señalados específicamente en la Ley, en particular, en el artículo 3° CC°, entendiéndose en su reglamentación que, los arrendamientos, permutas y compraventas de inmuebles, tienen una naturaleza civil, más que comercial para nuestro ordenamiento jurídico.

El Código de Comercio Colombiano por su parte, define al corredor, como aquella “persona que por su especial conocimiento de los mercados, se ocupa como agente intermediario en la tarea de poner en relación a dos o más personas, con el fin de que celebren un negocio comercial sin estar vinculado a las partes por relaciones de colaboración, dependencia, mandato o representación.”

Definimos en consecuencia al corredor de propiedades como: “aquella persona natural o jurídica, que realiza habitualmente la intermediación de bienes inmuebles y derechos comprendidos en ellos, facilitando la conclusión de los negocios inmobiliarios, tales como arrendamientos o alquileres, compraventas, permutas y administraciones, acercando las posiciones de las partes hasta un acuerdo y, recibiendo por ello, un honorario profesional determinado por las partes o la costumbre.” En esta definición, he incluido a las personas jurídicas, por cuanto, la práctica inmobiliaria permite que personas morales puedan desarrollar esta profesión, haciendo eco a su vez, de las críticas que se hicieron en su época a la dictación del Reglamento de Corredores de Propiedades en Chile al no incluirlas.

Puede considerarse un mandatario, es decir, quien acepta la ejecución de uno o más negocios, que se hace cargo por cuenta y riesgo de quien los confía, haciendo presente que, guarda diferencias con el contrato de mandato. Al igual que todo mandato puede ser gratuito o remunerado, debiendo presumirse remunerado en la intermediación de inmuebles, y “la remuneración (llamada honorario) es determinada por las partes, antes o después del contrato, por la ley, la costumbre, o el juez”, según lo prescribe el artículo 2.117 del Código Civil, en adelante CC.

Salvador Makluf Freig

Abogado Inmobiliario

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