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Carta Inconclusa

​Si pudiera dedicarte un instante de mi vida, te daría todo aquello que has buscado en esta función; comenzaría con un suave viaje a los sentidos perpetuos del amor. Llegaste tan fulminante, no había preparado mi piel para tus manos aterciopeladas por la brisa tibia del cariño frenético… Te vi en la lejanía, viví un momento de reflexión; la ingenuidad de tu belleza me hizo dudar de los sentidos; quise empezar a dudar sistemáticamente de todo lo que había visto, tocado y sentido.

​Ese rayo impertinente abrió mi corazón cerrado por el ocaso perpetuo del destierro. No quería volver a soslayar con nadie más mi dolor, era una historia que hundí en las arenas del desierto en un cofre de cobre, con una carta adentro que apuntaba: “Me has entregado a la jornada más obscura que hemos de imaginar, el camino interminable  de las aguas cristalizadas por mi llanto, no pueden sino más que imaginar una eternidad de estrellas que intentan encontrar ese infinito perpetuo. Te ame sobre el mar, te ví lloré, morí ambicionando buscar respuestas a vanas preguntas que intentaban responder el porque del por qué de tu ser. Solo me regalaste un eufemismo de silencio, comparado con la partida del Sol”.

Hoy ese cofre solo guarda pétalos.

Has rescatado la esencia de un amante que fluye entre tus dedos, conquistando la belleza más hermosa, tu mirada estrepitosa, cariñosa, que deslizas como un ave frente al perdurable profesar de la existencia.

Envidiaría que estuvieras más cerca de lo que siento por ti en momentos efímeros, como tu compañía en mis visiones de príncipe que busca azulejos en cada espacio de tus cartas. Letras francas, transparentes, inyectadas de la dulzura extrema de tu alma, alma iracunda y suave, que solo hace desfallecer al más fuerte.

​Con frecuencia te busque en años transitados, regateaba con el tiempo tu nombre, solo aparecían un par de sílabas, no quería el destino que acertara con el ángel de mi salvación. Fuiste tu, mi hermosa niña, solo tú pudiste levantar el yugo que por lustros sucumbieron mis párpados, fue hallar en ti lo que faltaba de mi.

​Tu silencio complementa mis palabras de afecto, con un significado único. Lo equivoco desaparece profusamente en este acto de convicción, de convicción por ti. Ven a conquistarme… mi escondite tiene un mapa que bosqueje aquella noche de elipsis, lo recuerdas?

Te quiero indiscutiblemente a través de todo lo que vives, si estás dispuesta me comprometo ante el Astro Rey a buscar y conocer antes de conquistar; a reconocer y mirar antes de pedirte un segundo de pasión, a inmortalizar tus escalofríos de incertidumbre con grandeza, a terminar antes de concluir mis sueños. Hoy te podría confesar uno, tan solo ese, vi cuando niño una luz difusa, que penetró mi alma, y dejó enclavada en ella tu mirada, que hoy vuelve a deslumbrar mi vida.

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